domingo, 24 de agosto de 2008

PORQUE LOS MEDIOS DE COMUNICACION SON EL CUARTO PODER


Cuarto Poder 0 Comments »
Con una palabra, como con el silencio, se pueden decir muchas cosas. Muchas cosas, como entre el bullicio, se pueden entender con una palabra. La palabra mediocracia es un buen ejemplo de ello: ¿Gobierno de los medios? ¡Nada menos! ¿Están los mass media al borde de la “toma del poder”? Lo estén o no –y más allá de lo engañosa que pueda ser tal interrogante–, lo cierto es que las sociedades diversas e interactivas que arribaron al nuevo siglo están cada vez más mediatizadas; como lo están también la política, la función de gobierno, el poder…Y es que hablar de “mediocracia”, además de suponer una sobredimensionada visión de los mass media, implica volver al ampliamente discutido tema de los (d)efectos de la comunicación mediatizada. “Gobierno de los medios”, en su versión extrema, no es sino otra forma de decir poder de los medios. Pero una cosa es sostener que hay una estrecha relación entre el poder político y los medios de comunicación, y otra muy distinta es asegurar que los medios ejercen, por sí mismos, un poder (o, en otra versión, un “contrapoder”). Y no se trata de una distinción inútil. Para el análisis de la comunicación política resulta decisivo definir si los medios actúan como un instrumento del poder, tienen influencia sobre éste o, como muchos aseguran, son un poder. Lo más probable, en todo caso, es que los medios sean las tres cosas.Pero decíamos que el análisis acerca de la relación entre medios de comunicación masiva y poder político se nutre de la robusta discusión sobre una cuestión estratégica: los efectos. ¿Producen efectos los mass media? Si la respuesta es afirmativa, tal como lo demuestra abundante evidencia empírica, entonces corresponde preguntar: ¿de qué tipos son los efectos provocados por los medios? ¿Qué consecuencias genera y cómo está influyendo la comunicación mediatizada en el poder político? Mejor aún: si asumimos que la acción de los medios implica un ejercicio de poder, ¿en qué afecta esto en las estructuras y estrategias políticas de poder y de dominación?Con relación a los efectos de los mass media, parece evidente una suerte de retorno –en la década del noventa– a la hipótesis de los efectos fuertes, asumidos en lo que se ha dado en llamar, casi a modo de amenaza, como “la vuelta al poder de los medios”. ¿Pero es realmente poderosa la comunicación mediática o acaso estamos otorgándole mayor influencia de la que efectivamente tiene? ¿Y en qué influye este hecho en la comunicación política? Quizás la mejor forma de reflexionar en torno a estas cuestiones sea plantear algunas consideraciones respecto a la bien conocida, y harto distorsionada, metáfora de la información como Cuarto Poder.Cuando el historiador y político británico Thomas Macaulay afirmó que la "galería del Parlamento en que se sientan los periodistas se ha convertido en el cuarto poder del reino", seguramente no pensó que aquella comparación que él acuñara se repetiría y usaría en lo sucesivo como un lugar común, casi como sentencia de verdad. Más aún: no imaginó que se la tomarían tan en serio los políticos y, peor, los propios periodistas. No fue difícil, en consecuencia, que pronto se consolidara esa curiosa idea de que el periodismo es (o al menos funge como) el “Cuarto Poder” del Estado.La metáfora de la comunicación mediatizada como “Cuarto Poder” es tan atractiva como perversa. Atractiva porque implica erigir a los medios, principalmente en su práctica periodística, en una suerte de contrapoder; actores-poder con capacidad e instrumentos para oponerse a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, controlar su actividad y decisiones, y defender-representar a la sociedad frente al Estado. Perversa porque quienes más se benefician de ella son los propietarios y editores de los medios informativos (que asumen una posición de privilegio), los periodistas (que adquieren relevancia pública con carta de inmunidad) y el poder político (que legitima así su obsesión –tentación innata– por controlar dicho poder)3. En ambos sentidos, entre beneficios y peligros, el público (la sociedad) es el eslabón ausente, simple mirón –el “gran marginado”–, de las pugnas/componendas entre los poderes político y empresarial informativo.Pero eso no es todo. Hay quienes llegar a sostener que en la actualidad los tradicionales, viejos, poderes del Estado parecen estar en situación de jubilación, debilidad y desencanto. Tanto es así que empieza a tomar cuerpo una especie de “reconfiguración de poderes”. Los poderes siguen siendo tres, pero distintos: el primer poder es el económico, el segundo es el mediático y el tercero es el poder político. Y si en la lógica del “Cuarto Poder” los medios aparecían como un contrapoder externo en misión de vigilancia, en la versión de la industria mediática como “Segundo Poder” los medios sientan presencia como actores que disputan-ejercen el poder. En este novel esquema, si cabría pensar en un “Cuarto Poder” sería el poder embriagarse, último recurso ciudadano para estar a ritmo y tono en la gran “borrachera democrática” que nos depara la jornada.En todo caso, más allá de que los medios de comunicación masiva sean o no un poder (cuarto, segundo, ninguno), es importante señalar que estas diferencias de perspectiva tienen consecuencias analíticas a la hora de abordar la relación entre comunicación mediatizada y sistema político. Así, en esa dirección, es posible distinguir tres niveles:a) Uso de lo medios (información instrumento): la información es concebida como un instrumento del poder (o directamente se dice que “información es poder”). Supone una competencia por la posesión de información.b) Efectos de los medios (información influencia): los mass media tienen la capacidad de influir en las acciones y decisiones del poder político, lo que está en relación con las diferentes versiones acerca de los efectos mediáticos.c) Gobierno de los medios (información contra-poder): los medios son un (contra) poder político o estatal, lo cual conduce a pensar en un supuesto orden político en el cual los actores mediáticos se ocuparían del ejercicio del poder.Por ser esta última la concepción que más respaldo y afiliación encuentra en el presente entre los “mediólogos”, bien caben las “serias objeciones” que plantea Soria a la idea del periodismo como contrapoder, las cuales están nítidamente expresadas en preguntas como las siguientes: “¿qué legitimidad tiene la información para erigirse en el contrapoder de unos poderes que han sido democráticamente elegidos?; ¿a quién representan los medios, además de representarse a sí mismos?; ¿quién ha elegido a los medios democráticamente?; ¿quién es el contrapoder del contrapoder?; ¿quién controla a los controladores?”. En ese horizonte, resulta pertinente preguntarnos por los nexos y tensiones entre dos cotidianos y fundamentales ejercicios: el político y el mediático. Para ello, el camino más seguro es acudir a la noción de comunicación política
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FUENTE: HTTP://ARGENTALATINA.BLOGSPOT.COM

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